El Mimo

... And the seas of the Sun

Monk

Publicado el 7 de Noviembre, 2007, 15:01. en Música.
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¿Por qué Thelonius Monk? ¿Por qué Miles Davis? ¿Por qué John Coltrane?

¿Por qué esos espíritus tenían algo que otros no podemos entender o alcanzar? ¿Por qué cojones suenan así de bien? ¿Por qué la colaboración de Coltrane con Monk es tan sublime?

Llevo toda la mañana escuchando el disco que tengo entre Contrane y Monk. Debo decir que mis conocimientos sobre Jazz son bastante justitos. No soy ningún crítico excelso de jazz ni intención tengo. No puedo empezar a nombrar a gente hasta dejaros sordos y dármelas de ningún profeta del estilo. Simplemente soy un apreciador más. Uno de los tantos que son capaces de ponerse un disco y decir “Esto me mola” y “Esto es una mierda”. Siempre todo desde mi perspectiva.

La colaboración entre estos dos autores es del barco de lo molón, de lo flipante. De lo que escuchas durante todo un día y aun así, cada nueva repetición te parece una canción completamente nueva y compleja. Si algo tiene el jazz, y esto es verdad, es que una misma grabación que oyes, cuando la vuelves a oír ya no es lo mismo. Depende de ti. El jazz depende de ti. En gran medida del que lo crea, del que lo pare, porque el jazz hay que parirlo; pero luego eres tú el que coge al bebé y se hace grande en tus manos. Y cada nuevo día que lo miras a los ojos es un nuevo día distinto y el bebé ha cambiado volviéndose más personal la mirada y tú mismo has cambiado también. Has envejecido. Somos capaces, lo diré siempre, de envejecer en tan solo un segundo de nuestra vida. La gente se cree que madurar es cuestión de años y eso es mentira. Siempre ha sido una falacia. Madurar es solo cuestión de un momento: El momento en el que te das cuenta de que vas a morir y de que hagas lo que hagas eso va a pasar. Ese es el momento en el que maduras para siempre y el jazz, desde mi punto de vista, es en esencia maduración. La tristeza del saxofón, del piano, de la guitarra de verse solos cuando sus ejecutadores mueran. Desaparezcan.

De repente estás sentado en la barra de un bar de esos oscuros de las películas americanas. Entre tus manos se desliza un vaso de cristal con un profundo olor a Whisky. La mirada la tienes perdida en el limbo y suena Thelonius que te sonríe aunque tú no lo veas. Está sentado ahí, a tu lado. Puedes sentirlo. Y es excepcional. Su piano es excepcional. Sublime y sientes toda esa oscuridad.

Entonces despiertas. Sigue su mirada clavada en tu pensamiento y una frase “Eternamente no podrás ni aún sufrir” Es rara y construida con una sintaxis un poco rota, pero es que el jazz es así. No hay más regla que aquello que deseo expresar y el camino para hacerlo.

Sonríes, te levantas y le das al stop de tu equipo. Gracias Monk.