20 de Marzo, 2008, 16:58: El MimoLiteratura

Un cuento es tal en tanto que se cuenta algo. Si os cuento una anécdota me puedo convertir, para deleite mío, en un cuentista dando igual la referencia real que mi narración pueda tener.

Vas paseando y te encuentras con un amigo por la calle y la típica frase “¿Sabes qué?”. Esa fórmula ha sustituido al clásico érase una vez para introducir la teoría del cuento en la vida cotidiana. “El otro día me encontré con Julián y me CONTÓ que se había encontrado con Eva y, ¿Sabes qué? Le dijo que ya no estaba con Pedro”.

La narrativa tradicional describe la esencia de relato breve o cuento como un relato cuya referencia de pasado no se conoce y cuya referencia de futuro se intuye, pero tampoco se desvela. En este contexto aparece el llamado “microrelato”, un tipo de relato que busca su ejemplificación en la realidad mundana del “sabes qué”.

En nuestra narración tenemos personajes que a los que les podemos dotar de una imagen real. Tenemos a Eva que bien puede ser una muchacha, tal vez, de unos 25 años, pelo castaño ondulado, de estatura media blablabla. Todo depende de nuestros cánones y nuestras influencias estilísticas. Si pensamos en Julián pues otro tanto igual. Hay estudiosos y psicólogos que estudian las imágenes mentales de la sociedad actual atendiendo a muchos casos. Cuando lees una novela y tienes un “héroe” masculino, su forma es distinta dentro de nuestra propia imaginación dependiendo de varios factores como puede ser: sexo, clase social, educación literaria, educación cinematográfica, costumbrismo lector, capacidad del narrador…

Con constante repetición, al protagonista solemos concederle el rol de nosotros mismos y en esto el narrador se regocija imponiendo su propio punto de vista con lo que en ocasiones, si el narrador quiere, podemos ser partícipes de pensamientos perversos o enamorarnos de tal o cual personaje cual si fuéramos un Quijote en nuestro sillón soñando con novelas caballerescas. Hay quién lo llama evasión.

Por otro lado, si dejamos de un lado los personajes, nuestro relato tiene una trama bien forjada: El fin de un periodo sentimental, en fin de una relación. También tenemos una referencia sucesos anteriores que medio podemos sospechar. Grupo de amigos, tal vez de toda la vida, relación que empieza entre dos amigos y se acaba. O a lo mejor una relación que no gustaba al grupo de amigos y se alegran por su fin y esperaban que acabara. Podemos imaginarlo. Así como también tenemos abierta la posibilidad del final. El mismo final del relato es el fin de la relación; pero además, tenemos abierto el abanico a posibles soluciones posteriores como reconciliaciones, unas cervezas entre los colegas felicitando a Eva por su decisión…

Los estudiosos afirman que ésta es la esencia de un relato breve. La narración de un momento concreto en una situación concreta con un pasado y un futuro abiertos. Personajes con poco desarrollo psicológico por el corto desarrollo temporal del relato.

Vendría a ser algo así como todo lo contrario de una novela que como sabemos tiene muy desarrollada la evolución psicológica de los personajes a los que acabamos conociendo bien, paisajes que acabamos también conociendo y trama con un final cerrado (la mayor parte de las veces).

 

¿Que de qué va esto? Ahora es cuando viene mi Microrelato: “Es día festivo y estoy trabajando”.

Ale, sacad conclusiones del personaje y trama.

17 de Febrero, 2008, 13:33: El MimoLiteratura

Hace poco leí una noticia que, realmente, me alegró el día. Resulta que, siempre según dicen las estadísticas, en España se lee cada vez más. Al menos, creo, se comprarán más libros, lo cual es realmente interesante. Estamos pasando de una época dominada por el best-seller guiri a encontrar superventas españoles con poco que envidiar a los extranjeros.  Y no sólo hablo del caso de Pérez-Reverte, sino de muchos otros que poco a poco van poblando nuestras librerías.

No mentiré si digo que nunca he sido partidario de este tipo de “literatura” por considerarla de forma parecida que al pachangueo con la música. No obstante, recientes pensamientos ulteriores me están haciendo reflexionar y me doy cuenta de que realmente, cuando Cervantes escribió su fabuloso Quijote, lo hizo en virtud de querer entretener a un público lector de igual forma que hoy tenemos. Si por aquel entonces la moda eran las novelas de caballerías, él, como buen crítico, escribió su novela parodiando los “best-sellers” de la época y convirtiendo su parodia en el gran libro de la literatura española. El problema es que ahora se le presta más atención al tío que dedica 500 páginas a escribir sobre los entresijos de un cenicero, por muy interesante que el cenicero pueda parecer, que a un pobre escritor que nos cuenta una historia. Da igual la que sea, hay tantas personas como historias en el mundo. Pero el caso es que nos cuenta la historia y tenemos a un fulanito que hace algo y nosotros nos sentimos identificados con ese fulanito y nos enamoramos de fulanita y cuando termina la novela nos quedamos hechos polvo recordando a tantos fulanitos muertos. Yo leería 500 folios dedicados a un cenicero por puro morbo de saber cómo cojones consigue el tío llenar tanto con tan poco. Pero, seamos sinceros, cuando cogemos una novela es como cuando cogemos un disco. No lo escuchamos porque sea tal o cual, sino, simplemente, porque sabemos que ese disco es el que nos apetece. Eso mismo. Ahora leo a Miguel Strogoft porque es un pedazo libro de aventuras y a mí me gustan las aventuras. Y como estoy en una época de mi vida en la que me apetece leer sobre la vieja Rusia, pues aprovecho. Y así tantas personas como ventanas hay en el mundo.